Hay un momento en que el boxeador debe abandonar la profesión: cuando no halla respuestas; cuando escasea la iniciativa; cuando le abandonen las fuerzas y cuando sepa todo lo que debe hacer; pero no puede…
Eso y mas lo evidencio anoche en Dallas el mejicano José Luis Castillo, un boxeador que nadie exagera si le coloca entre los grandes de las divisiones en que peleo y no solo de Méjico; un verdadero gladiador de estilo depurado en la casilla de “si no me matas te mato”, siempre adelante, siempre tirando
Pero cuando le comunicó al árbitro que “no podía” y que se iba del deporte que le dio fama después del 5to. round, ya yo había apreciado y quizás todos los que lo vieron desde el primer minuto de pelea que no debía seguir ni, acaso, haber tomado el reto del pleito: sin fuerzas, sin energía, sin interés, desconcentrado ante un contrario que en su mejor momento no podía resistir el empuje del ex campeón y sin ningún tipo de esfuerzo a la manera del pugilista que solo busca dinero porque sabe que la gloria, esa razón de ser del combatiente de clase profesional, ya no esta en su diccionario.
Yo no se el lector, pero vi al pupilo de Ramón Quitarte ser robado contra Floyd Mayweathers jr. en la primera pelea entre ambos y al Nino Bonito justificarse con problemas en el hombro, lo que pudo ser o no verdad, pero aquella noche evadió el intercambio continentemente contra un contrario que demostró el hambre que ya no tiene y el corazón que siempre le ha acompañado.
Hace cinco anos José Luis Castillo efectuó la pelea mas dramática que yo haya visto contra Diego Corrales; si acaso, parecido a la segunda, que ganó, muchas; pero como la que perdió no y van a pasar muchos años para poder verse otro desenlace como aquel, todo en un round y por el mismo precio.
Anoche el ex doble campeón lightweight y junior welter debe haber dicho adiós en contra de su voluntad, porque cuando se tiene su clase, cuando el público le reconoce como le reconocían durante su esplendor por sus demostraciones de autentico guerrero del ring es difícil admitirse a uno mismo que ya no se puede continuar.
Castillo se va del boxeo con 60 ganadas, 10 derrotas y un empate y la obligada satisfacción de tener un publico que le recordara como un ave rara de estos tiempos, modelo de otro tiempo de grandeza ya olvidado inmensamente superior a esta etapa cundida de títeres y fantoches que de lo único que son exponentes cada día es de la mediocridad mas absoluta en Fistiana hoy.











