El racismo en este país le impidió a muchos atletas negros competir en igualdad de condiciones contra sus homólogos blancos; pero quien resulto verdaderamente lesionado fue el propio deporte: las manifestaciones atléticas de conjunto no tuvieron el colorido desde sus inicios por la exclusión criminal del competidor negro y, los individuales como el boxeo, no fueron todo lo brillantes que debieron ser por lo mismo.
Lo que hicieron con Jack Johnson fue un abuso al extremo de que debió entregar por dinero su campeonato mundial; pero también se le aplicó injusta y criminalmente el Acta Mann sobre proxenetismo que, hoy, algunos congresistas como John McCain han pretendido rectificar como propuesta al presidente e, increíblemente Barack Obama, tal vez por temor racista también, la desechó.
A Harry Wills le impidieron pelear contra Jack Dempsey cuando los cronistas y especialistas de la época entendían que el Ciclón del Lago Salado no tenía algo que hacer en un ring contra La Pantera Negra de la división pesada.
El nigeriano Battling Siki, de velocidad felina en el cuadrilátero y fuerza descomunal, fue convertido en un payaso peligroso para la sociedad neoyorquina y empujado a los lúgubres pasillos de la delincuencia, donde fue asesinado a tiros en un callejón de Harlem sin que todavía la policía, a quien no le intereso conocer el autor del crimen en su momento, sepa ni quien lo hizo ni cual fue la causa.
El racismo contra los negros estuvo presente siempre en los intereses de los mandamases del boxeo tal vez hasta los 60’s; y los hispanos no escaparon tampoco de ese sentimiento antihumano: el peso mediano cubano Esteban Gallart, conocido como Kid Charol, por miedo al racismo norteamericano puso proa a Argentina en vez de establecerse en Estados Unidos, donde hubiera sido capaz de emplear con brillantez de inmortal sus extraordinarias dotes como pugilista; pudiera ser que lo mismo hubiera tenido peso en la decisión de Evelio Mustelier, Kid Tunero, de establecer su cuartel general en España.
De una y mil formas Armstrong, Robinson, Ike Williams, Gil Turner, Sandy Sadler, Gavilán, Black Bill, Tiger Flowers, Montañez, Holmar Williams, Azteca, Panamá Brown… en un abrazo circunstancial de negros e hispanos, así como los filipinos Speedy Dado, Pancho Villa o Ceferino García, fueron mordidos por el inclemente y brutal flagelo.
En el resultado de la pelea Dempsey-Firpo debió existir el miedo racista a que el campeón americano perdiera oficialmente cuando fue sacado del ring por una poderosa derecha del Toro de las Pampas y, en actitud violatoria e injustificable, vuelto a subir al ring contra el argentino.
En una pelea que nadie sino el voraz promotaje con sede en Las Vegas podría llamar la mas grande de la historia ajeno a la recaudación ganancial; ni ninguno de quienes hubieran sido los oponentes soporta el calificativo competitivo contra Robinson, Duran, Leonard, Armstrong, Ali o Joe Louis aparece, evidentemente, un nuevo, raro y solapado tipo de racismo, preferentemente de la parte considerada minorías en este país hacia el contendiente negro: empleando la supuesta estela delictiva del entorno de Mayweathers jr. los calificativos de “ese negro” campean por su respeto al referirse al pugilista una serie de personas que de blanco han de tener muy poco y, si descienden de españoles como yo, menos…
El odio, el desprecio mas al negro que al convencimiento de que Manny Pacquiao pudiera ganar por sus condiciones como boxeador, pone a muchísimos hispanos en el bando de aquellos que escupieron a Joe Gans y a Sam Langford; de aquellos que le dieron una bofetada a Clemente en su año con Montreal.
Entonces se presenta al filipino de tal forma que se busca inspirar cierta lastima con su actividad altruista, notable; pero insuficiente para haber derrotado a Mayweathers jr.
Es una falta de respeto a si mismos el comportamiento de muchos hispanos ante la raza sin tener en cuenta que, para los americanos, para los que mandan en el boxeo, incluso para ese promotor negro que quiere ser blanco llamado Don King, el concepto hispano casi siempre significa frazada que limpia el piso, gústele o no a quien sea. Ah! El Pacifico Sur, sobre todo ese país llamado Filipinas, también juega.












